Endureando en Vallecitos
No tan al límite como el descenso pero más salvaje que el cross-country, el enduro es la modalidad que más crece en el mountain bike.
Por: Nicolás García

Una vez más en Vallecitos, el viejo rincón andino con aire alpino. Desde el refugio a 3.000 metros de altura, la vista es impresionante. El gran parque de diversiones natural de siempre, tan poco aprovechado como siempre. La neblina va y viene, cambiando la luz y el paisaje. Ya está el fuego armado y el mate circula. No dan ganas ni de bajar las bicis de la camioneta, pero a eso vinimos…

Las naves tocan tierra. Doble suspensión con buen “recorrido” (la medida en que puede comprimirse un amortiguador), cubiertas anchas, componentes sólidos y geometría específica. Y sin embargo livianas y “pedaleables”. Son el milagro de la tecnología, el gran salto del mountain bike en los últimos años. Parecen hechas a medida para el terreno que en pocos minutos van a estar devorando: sendas apenas dibujadas, piedras de todos los tamaños, absolutamente todo con pendiente… bajadas que paran los pelos y subidas “a lo criollo” (ni flete, ni medios de elevación: pedaleando o con la bici a cuestas).

El Oso primerea y los demás seguimos. Vamos mezclados, los potrillos con los mancarrones viejos… A medida que rodemos, irá tomando forma la dinámica del grupo. En lugares con tanto desnivel como Vallecitos, el nombre del juego es bajar fuerte.

Los circuitos de bici aprovechan las sendas marcadas por montañistas y animales. Algunas han sido trabajadas específicamente para bicis (gracias Juan Patiño!), pero no es terreno para principiantes. Rocas como viejos TV de 14” se esconden tras coirones de aspecto inofensivo, soltar los frenos unos segundos es ingresar al mundo de la hipervelocidad. Los clásicos “rock garden” o camas de piedras: para pasarlos hay que ir muy rápido o muy despacio… Elige tu propia aventura.

Por eso los que vienen del mundo del descenso van cómodos y los que venimos del cross-country cortamos algún que otro clavo (en la jerga de la bici, son los del “DH” y los “comefideos”). Unos bajarán un poco la intensidad, los otros sacarán del orgullo lo que no tienen de manejo; lo que impera es el espíritu de manada, andar lo más posible en bici por los mejores lugares posibles, con un grupo de gente que disfruta de cosas parecidas. (Dicen que hay otros que se juntan bajo techo y ven deportes por TV. Hay de todo!).

Enduro es la palabra que  ha venido a definir un poco este tipo de salidas. Como disciplina nació en el espacio entre el descenso (DH, por downhill en inglés) y el XC, o cross-country, es decir el tipo de mountain bike en el que predomina el terreno menos abrupto (y que ya es disciplina olímpica). A nivel competitivo estas variantes se han hecho cada vez más específicas, tanto en las bicis como en la preparación de los atletas.

Como ejemplo de que estas disciplinas son casi deportes diferentes, podemos comparar al estadounidense Aaron Gwin, estrella del descenso, que el año pasado ganó una fecha del campeonato mundial en Leogang ¡corriendo sin cadena! Gwin hizo el mejor tiempo aunque le estalló la cadena a pocos metros de la salida. En el otro extremo está el suizo Nino Schurter, mega campeón de XC, un extraterrestre que pedalea una bici Scott de 8 kilos en forma comparable a un rutero del Tour de France.

En algún punto entre estos extremos (más cerca del DH) se ubica el enduro. La Argentina es noticia en estos días en la escena internacional: El fin de semana se corre en el cerro Catedral (Bariloche) una fecha del EWS, Enduro World Series. Algunos de los corredores más veloces del planeta estarán compitiendo en el duro circuito de los Andes Patagónicos, codo a codo con los mejores riders argentinos. Varios mendocinos estarán también probando suerte en Catedral.

A nivel recreativo, esta disciplina viene creciendo sin pausa en todo el mundo. En Mendoza, en realidad, ya llevamos décadas descubriendo el increíble potencial que tiene nuestra geografía para la bici de montaña, sin necesidad de rótulos ni colores flúo (volvieron los 80!). Pero también es cierto que las nuevas bicis versátiles y la popularidad de la actividad abren el juego y ponen las “salidas épicas” al alcance de mucha gente.

Y, para volver a Vallecitos, me quedo con la palabra del Hombre Sabio sub 25 Rafa Casetti, pronunciada como al descuido mientras fluía montaña abajo con su Rocky Mountain: “Me gusta el enduro porque la bici me permite explorar senderos a los que no puedo llegar con otro tipo de bici… estar todo el día andando, comer una picada o un asado con amigos en el medio de la montaña con tremendo paisaje; eso no tiene precio. En el descenso es sólo adrenalina, en cambio en el enduro mezclás adrenalina con aventura”.

A nuestro alrededor, la neblina se hizo nube espesa dentro de la Quebrada del Estudiante. Todavía queda remontar los caracoles pedaleando cuesta arriba y el tema que monopoliza las conversaciones es el costillar que está preparando Matías en el refugio: es hora de ir volviendo… Terminamos la jornada con un consenso generalizado: “La Heineken es el Ford Falcon de las cervezas”.

Fotos: Manuel Flores

Palabras: Nicolás García

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