Mariano Galván: “Las cumbres no se alcanzan a cualquier costo”
Extenso y distendido diálogo con uno de los guías más reconocidos de Aconcagua. Su oficio en el Parque y sus proyectos de 8 miles.
Por: Jorge Federico Gómez

Mariano Galván es uno de los guías más experimentados y respetados en Aconcagua. Lleva 11 años consecutivos trabajando en el Parque, los 7 primeros como porteador y los últimos 4 como guía. Ambos oficios los ha ejercido con solvencia, por Plaza de Mulas o Plaza Argentina, y entiende a su trabajo como “una devolución de lo que la montaña tanto me dio”.

Mariano nació en Trelew, Chubut. Su vida transcurrió en esa zona patagónica entre el buceo y el triatlón, hasta que 11 años atrás decidió radicarse en Mendoza y estudiar la carrera de Guía de Montaña. Allí empezó su vínculo fulminante con la montaña: “Los arneses y las cuerdas estaban muy lejos de mi plan. Cuando vine empecé a vincularme con el mundo de montaña”, recuerda Mariano en diálogo con Aconcaguaonline en el campamento de Confluencia.

Su trabajo como porteador le resultó muy fructífero, como a la mayoría de quienes comienzan a desarrollar ese oficio en el Coloso de América: “Portear te abre muchísimas puertas si uno lo sabe aprovechar bien, el trabajo es increíble porque te permite crecer mucho, conocer mucho la montaña y volverte mucho más fuerte. Esto me ha marcado para afrontar estos desafíos que por ahí resuenan un poco más como el mundo de los 8 miles”.

Galván se refiere a sus expediciones a Himalaya que desde 2011 encara regularmente cuando en Mendoza culmina la temporada. El plan comenzó con el Lhotse (8.516 m) la cuarta montaña más alta del mundo, después vino el Everest (Chomolungma, 8.848 m) cumbre de cumbres, sin oxígeno, y luego otros en Pakistán. Ya sumó cinco 8 miles abordados a su manera particular: “Antes había mucha dependencia de las expediciones comerciales. Por suerte pude realizar todo esto motu proprio financiado por muy pocos sponsors, llevándolo de forma humilde, casi en silencio, sin mucha repercusión en Argentina”. Sus intentos se transformaron en grandes logros deportivos y en ese sentido no oculta su orgullo “de poder poner la bandera argentina siempre en una nueva cumbre de 8 mil metros, en Himalaya, en Pakistán, en Tíbet”.

Mariano define un estilo propio de ascenso y acentúa eso de “respetar ese estilo y ser honesto con uno mismo; no me parece que las cumbres se alcancen a cualquier costo”. Su estilo personal consiste en usar el menor apoyo posible desde el exterior, moverse en la montaña lo más rápido que se pueda generando el menor impacto, cargar él mismo su equipo -mínimo-, bajar sus residuos y mantener limpia la montaña. Además escalar en solitario, sin oxígeno, tratando de prescindir de las cuerdas lo más posible -“salvo en lugares imposibles como Everest”, aclara-. “Ir en estilo alpino antes que el mundo comercial empiece a fijar sus cuerdas, aportando a un montañismo precursor casi perdido. Hoy sólo se busca alcanzar la cumbre”.

Nuestro entrevistado ofrece una visión crítica de la situación actual del deporte que practica: “Otros deportes como remo han tenido dificultades para ir a los Juegos Olímpicos. Estamos un poco monotemáticos con el fútbol, pero tratamos de revertirlo comprometiéndonos. Los montañistas tenemos algo de culpa porque no difundimos lo suficiente este deporte y sus valores. Por eso mi objetivo es cada vez que vuelvo de un viaje dar charlas en clubes de montaña, escribir artículos para diferentes revistas, documentar todo muy bien con fotos y videos, comprometerme más para dar mayor difusión para con este pequeño esfuerzo ayudar a muchos escaladores y montañistas de Argentina con capacidad y potencial increíbles”.

Galván considera que en Aconcagua hay una razonable situación positiva respecto de otras montañas: “Hay un buen control de residuos, los baños generan poco impacto”. En la columna del debe entiende que una buena alternativa sería promover las otras rutas de Aconcagua fuera de la normal: “Eso es un punto débil, se ha puesto un impuesto muy grande en las rutas técnicas en concepto de rescate, que no lo veo mal pero que limita mucho la actividad en esos sectores. Hay grandes escaladores que quieren venir pero tienen que abonar una suma muy grande. Es cierto que si pasa algo hay que contar con un gran equipo de rescate y eso tiene un costo. Pero habría que articular la reglamentación y los controles”.

Mariano, por su condición física y su experiencia, ha participado en varios rescates complejos en Aconcagua. Recuerda uno de ellos en 2011 cuando en conjunto con el piloto del helicóptero, el guía Damián Benegas y guardaparques debieron acudir en auxilio de dos escaladores varados en la pared Sur: “Hubo que generar un plan de contingencia. La destreza de Horacio Freschi, “el Duro” -piloto del helicóptero- fue impecable y logró sacarlos de la pared. Si no podía sacarlos nosotros íbamos a intentarlo por tierra. Estábamos ya a 100 metros de donde estaban y nos avisan por radio que el helicóptero ya los rescató y que nos va a buscar a nosotros. Nos sacaron volando con una línea larga de 30 metros de la panza del helicóptero hasta el mirador de Plaza Francia. Fue de película, escalar la pared Sur para ir a buscar gente y terminar colgados en helicóptero. Fue algo muy impresionante”.

-¿Qué es Aconcagua para vos?-

-Aconcagua es un nacimiento, un quiebre grande en mi vida, pasé de Trelew al nivel del mar a la altura de Aconcagua, un mundo totalmente distinto. Significa libertad y crecimiento porque gracias al trabajo que desarrollo acá me permite entrenar durante el año, viajar, animarme a soñar con grandes proyectos como los 8 miles, me anima a pensar en escalar en EEUU, en Alpes, Himalaya. Para mí Aconcagua significa una libertad que antes no tenía.

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