Zugspitze (2.962 m), mi primera cumbre en los Alpes
"El simple hecho de caminar por las montañas..."
Por: Pablo Goldengruss

Nuestro plan es el Mont Blanc. Tenemos todo listo con Christian Brauer, un cliente de Aconcagua que me propuso acompañarlo. “Claro que sí” dije yo.

En el 2012 las condiciones no eran las mejores en la montaña. Ocurre una tragedia, una avalancha que mata a varias personas entre quienes estaban unos guías de la compañía que habíamos contratado para que nos de los servicios en el cerro. La empresa decidió por respeto a sus guías cancelar todas sus expediciones y no operar hasta la próxima temporada.  Previa devolución del importe abonado, claro está.

La gran pregunta es ¿qué hacemos? me dice Christian, ya tenía mis pasajes a Frankfurt. “Bueno veamos, -le digo- busquemos opciones”.

A los pocos días el problema está resuelto: subir montañas a Alemania. “Te quedás en casa -me dice- y de ahí nos vamos a subir el Zugspitze, el más alto de Alemania” poniéndole un poco de enfásis para no desmerecer sus  apenas 2.962 msnm, comparado con los 4.809 del Mont Blanc.  Y después nos espera el Grossglockner con sus 3.798 m, el más alto de Austria. El Zugspitze queda en la propia frontera con Austria, bien al Sur de Alemania. Luego me dice, ya con una sonrisa: “Sorpresa”, un trek por Suiza. Inmejorable plan.

Debo confesar que entre montaña y montaña me sorprendió la cantidad de cerveza que pueden tomar en estos países y las variedades que hay. Pero volvamos al relato.

Ya en la casa de Christian nos ponemos a mirar los mapas, rechequeamos el equipo y allá vamos. Decidimos circunvalar el Zugspitze, entraríamos por la vía ferrata para salir por su vertiente Oeste, mucho más suave.

Dejamos el auto en el estacionamiento, cargamos todo el equipo y por las dudas cada uno agarra una lata de cerveza. Hacemos el trek de aproximación, unas 5 horas, disfrutando el paisaje, caminando por los Alpes con increíble sensación. Qué más podía pedir!

Finalmente llegamos al refugio. Estaba en la cuna del montañismo y se notaba, se respiraba en todos lados, mucha historia en esos refugios. Mi primera y agradable sorpresa fue ver la cantidad de gente alojada que disfrutaba del simple hecho de caminar por las montañas sin necesariamente el objetivo de subir a una cumbre. Solo caminar.

Llegamos, nos instalamos y pedimos algo para tomar. Claro, cerveza.

Al otro día salimos bien temprano, nuestros arneses listos y en marcha. Nos quedaba un desnivel de 700 metros por superar. Luego de una hora y media de caminar estamos al pie de la ferrata. Christian sonreía y me decía cada media hora: “ya vas a ver cuando lleguemos a la cumbre”…

Tanto insistió que, claro, generó el efecto que quería, estaba sumamente intrigado por saber qué pasaría una vez que lleguemos a la cima.

Superamos la ferrata sin mayor dificultad y luego de unas cuantas horas nos quedaba el tramo final, 30 minutos hasta la cumbre en medio de una espesa nube que cubría todo. Nos dedicamos a  seguir el sendero. Ya muy cerca de la cumbre se ve la cruz, me alegro, acelero el paso, estoy pisando por primera vez en mi vida una cumbre en los Alpes, no puedo esperar.

Fotos de rigor, abrazos, risas, una que otra lágrima.  La nube realmente no dejaba ver mucho, entonces ya sin más le pregunto qué había de especial. “Ahora seguime vos” me dijo, caminamos 10 minutos y ahí estaba: un barcito con un teleférico casi en la cumbre. Nos reímos mucho, estábamos muy felices, claro nos tomamos algo -obvio cerveza-, y abajo, pero ni locos en el teleférico sino que seguimos nuestro plan original de caminar unas 3 horas hasta el próximo refugio.

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