Veloz ascenso a Aconcagua en cuatro días
Mi nombre es Sergio Ramírez, natural de Lima, Perú. Vivo en Huaraz (3100 m). No soy guía pero practico el montañismo desde hace 25 años.
Por: Sergio Ramírez Carrascal

Durante los meses previos a mi arribo al Aconcagua hice un plan de entrenamiento que consistió en hacer trekking altos (4000 a 4800 m) forzando las rutas y algunos ascensos hasta 5530 m. en la cordillera Blanca. Cinco días antes de llegar a Plaza de Mulas realicé un campamento a 5200 m. sobre un glaciar.

3 DE FEBRERO. Llego a Mendoza por la mañana, hago los trámites de ingreso, compro algunas cosas y ese mismo día arribo a Penitentes donde paso una noche realmente buena luego de un viaje de casi dos días entre buses y avión desde mi casa en Perú.

4 DE FEBRERO. Salgo a las 9:30 AM desde la entrada del Parque y en una hora diez minutos alcanzo el campamento Confluencia, donde uno de los doctores me hace el chequeo médico y amablemente junto a un guardaparque permiten que continúe hasta Plaza de Mulas al ver mi  oxigenación y estado en buenas condiciones y asegurándome que haría cumbre. Esto fue una motivación realmente importante para mí. Alcanzo el campamento Plaza de Mulas a las 17:30 luego de cruzar Playa Ancha y el resto de la ruta con mucha granizada, nevada y vientos fuertes en todo momento.

5 DE FEBRERO. Amanece totalmente despejado y sin viento pero frío. A las 9:30 AM cargando todas mis cosas inicio el ascenso hasta Nido de Cóndores, campamento al que llego a las 15:30, en seis horas de ascenso. Toda la tarde sopla el viento pero aun así puedo dormir lo suficiente para el ataque a la cumbre. La temperatura baja considerablemente una vez que se oculta el sol (21:00 horas).

6 DE FEBRERO. Salgo de la carpa a las 4:30 AM luego de hacer agua. La temperatura baja a -15º C dentro de la carpa. Tuve un buen asesoramiento previo donde me recomendaron el tipo de ropa a usar durante el ascenso por lo que una vez que empiezo a caminar el frío se hace soportable, excepto cuando por alguna razón debo quitarme los guantes y siento que el frío realmente cala hasta los mismos huesos. Termino con dos dedos insensibles que se recuperan en Mendoza.  Durante las primeras horas del ascenso alcanzo algunos grupos guiados y llegamos todos juntos a 6.150 metros, junto a un refugio semi destruido. Todos se sientan a descansar excepto yo que me siento bien y continúo el ascenso quedándome ya solo pero siempre observando los grupos que vienen tras de mí. Antes puedo ver cómo algunos se bajan por alguna razón, frío imagino o cansancio.

Estando antes de la travesía veo cerca de La Cueva a dos personas subiendo, sé que no podré alcanzarlos por lo que continúo mi ascenso hasta alcanzar La Cueva y empezar la parte más empinada del ascenso.

La altura y presión atmosférica más baja de lo que usualmente acostumbro en otros 6 miles hacen que mis pasos sean muy lentos y recordando más consejos de cómo ascender en esta zona consigo un ritmo de ascenso lento pero continuo hasta debajo del Filo del Guanaco, donde me encuentro con las dos personas que vi antes quienes bajaban de la cumbre. Me alegró saber que en la cumbre no sopla el viento, ya que durante todo el ascenso ráfagas nos golpean continuamente.

A las 12:30, tras ocho horas de duro ascenso, alcanzo la cumbre con mínimo viento, totalmente despejado y sin más personas que yo mismo y la compañía de los primeros zapatos de mis hijos que han pisado conmigo ya muchas montañas.

Empiezo el descenso, me asomo a ver la increíble pared Sur y vuelvo a quedarme impactado con el cuerpo de un escalador que descansa por ahora cerca de La Cueva y hay que pasar muy cerca de él. Vuelvo a tomar todas las precauciones para seguir bajando solo. Me cruzo con unas quince personas que van guiadas y les animo a seguir. Luego sabré que la mayoría alcanzó la cumbre.

A las 16:30 alcanzo el campamento Nido de Cóndores, veo la montaña nublada y pienso en toda esa gente. No puedo hacer nada, estoy muy cansado. La montaña es noble y despeja nuevamente. Tranquilo me pongo a descansar luego de derretir nieve, comer y beber lo suficiente.

7 DE FEBRERO. -15º C dentro de la carpa, todo se ha congelado, hasta mi botella con orina, aun así a las 7:30 AM estoy descendiendo a Plaza de Mulas que alcanzo a las 9:00, dispuesto a continuar hasta Penitentes. Recuerdo que tengo comida y ganas de seguir allí, por lo que en Plaza de Mulas armo mi carpa, como algo y en dos horas y media en el mismo día estoy en la cumbre del cerro Bonete, de donde tomo algunas fotos espectaculares del Aconcagua para seguir registrando mi ascenso. En una hora estoy de nuevo en Plaza de Mulas.

Entre pizza y pizza, mucho té y un excelente postre acompañado de dos escaladores rusos celebro al fin mi cumbre personal. La gente del campo base realmente excepcional.

8 DE FEBRERO. En 6 horas alcanzo la entrada al Parque y registro mi cumbre. Los guardaparques quedan sorprendidos por mi salida con cumbre en tan pocos días y regreso a Mendoza.

Como reflexión personal a pesar que logré hacer cumbre solo en una montaña muy alta donde si bien es cierto había más personas en toda la ruta, no presenta dificultades técnicas y haber realizado el ascenso y descenso en pocos días, me quedo con la impresión de que uno no se lleva una cumbre o una montaña, sino más bien es ella quien se queda con algo nuestro para siempre.

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