Aconcagua puede ser alternativa en invierno
Cada vez son más los montañistas que sueñan con un ascenso invernal. Por ahora las condiciones burocráticas lo impiden.
Por: Jorge Federico Gómez

Se acerca el invierno en el hemisferio Sur y en la alta cordillera de Mendoza se renueva una inquietud que año tras año acelera las pulsaciones de los más intrépidos andinistas de esta zona del planeta: El ascenso invernal al Aconcagua (6.962 m).

Esta práctica ya es casi habitual en las más concurridas (y elevadas) montañas alrededor del mundo, claro que como una modalidad deportiva reservada para los más preparados y expertos.

De hecho, en algunos 8 miles del Himalaya, en las Seven Summits, o en "6 y 7 miles" ya ascendidos en numerosas ocasiones, atacar su cumbre en época invernal es el nuevo objetivo de la elite de montañistas que cada temporada son noticia por sus nuevos logros y récords.

Obviamente que abordar una montaña de semejante altura en invierno conlleva además de una preaparación física y mental extrema, una logística de excepción y equipamiento sumamente especializado y oneroso.

No es por tanto práctica habitual ni producto de aventura para cualquiera, sino para un reducido grupo de deportistas de alto rendimiento que, además del condimento técnico y físico requerido, buscan en sus expediciones invernales el sabor especial de la más absoluta soledad, de la aventura al extremo.

En nuestro Aconcagua, cima más alta de América y del mundo entero fuera del Himalaya, sin embargo la práctica del andinismo invernal no está fomentada ni favorecida pese a que las condiciones son aún mejores y más favorables que en otras montañas extremas.

La práctica del ascenso invernal al Aconcagua es perfectamente viable y así lo certifican algunos eximios andinistas.

En Aconcagua son recordadas las expediciones invernales de los destacados guías Horacio Cunietti y Juan Benegas allá por 2003, repetida dos años después por Cunietti y su mujer Popi Spagnuoli.

Siempre resulta interesante la posibilidad de "abrir" el Aconcagua a la práctica del andinismo invernal, aunque hasta el momento nunca han habido iniciativas serias para así establecerlo. Y no solamente el interés radicaría en quienes pretendan acometer la cumbre misma, sino que sería probablemente exitoso disponer de los sectores más bajos del Parque, accesibles y cercanos a la ruta internacional, para entusiasmar a quienes vienen a disfrutar del nevado invierno mendocino quizás no tan habituados a la práctica de los deportes invernales. Con planificación y no demasiados recursos, podrían en el ámbito del Parque en invierno, desarrollarse actividades y prácticas que generen interés en el Aconcagua y, quien sabe, acrecienten el número de intentos a cumbre en la temporada de verano.

El valor agregado de Aconcagua en relación con otros cerros célebres, es su aproximación  favorable. Su cercanía con una ciudad importante como Mendoza, su acceso sobre la propia ruta internacional asfaltada y una línea de ómnibus local en la puerta del Parque, condiciones inexistentes en otras importantes montañas del mundo.

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