Popi Spagnuoli y su doble rol de guía de Aconcagua y mamá
Es guía de montaña referente en Mendoza. En 2005 se convirtió en la primera mujer en hacer cumbre de Aconcagua en invierno.
Por: Jorge Federico Gómez

Muchas mujeres se incorporaron en las últimas décadas al montañismo en alguna faceta, superando épocas en las que andinismo y escalada eran casi exclusivamente para hombres.

Una de estas nuevas y proactivas mujeres de montaña en Mendoza es Popi Spagnuoli, guía referente en la zona, trabajadora desde hace años en Parque Aconcagua, deportista comprometida con lo que hace y madre de familia.

Oriunda de Bahía Blanca, su primer contacto con la montaña fue en Sierra de la Ventana, a donde solía ir de campamento con las exploradoras de Don Bosco. “Ahí descubrí la naturaleza, los campamentos, aprendí a hacer mis primeros nudos, a armar la carpa”, recuerda.

Al terminar el secundario y mientras definía su vocación cayó en sus manos la revista Nueva (diario La Nueva Provincia), donde encontró una nota sobre el cerro Aconcagua y la Escuela de Guías de Montaña. Eso para ella fue crucial: “Trabajaba, junté plata y con mi mejor amiga, con 20 años, vinimos a Mendoza en 1997, yo para ser Guía de Montaña y ella a la Escuela de Cine”.

Junto a una chica de Mar del Plata comenzó a salir a la montaña buscando ganar experiencia antes de ingresar a la Escuela. “Al principio me pareció medio hippie así que decidí ingresar a Diseño en el ‘98 y seguí saliendo a la montaña. Al final me ganó definitivamente la montaña”.

En ese tiempo junto a un compañero subieron muchas montañas y viajaron a Bolivia, Perú y España. Luego empezó a trabajar en el Refugio Plaza de Mulas, en Aconcagua, y hacía temporada allí y en los Pirineos, España. En 2002 finalmente entró a la Escuela de Guías, aunque por el trabajo debió dejar y retomar en 2003. “Ya me sentía mucho más suelta en la montaña. Me recibí en 2006. Dejé de trabajar en el refugio para empezar a trabajar como guía en la empresa Inka Expediciones”, en la cual sigue hasta hoy sin dejar de aprender en cada expedición.

Paralelamente formó una familia junto al reconocido guía y docente Horacio Cunietti, con quien tienen un hijo, Tomás, “mi cumbre más alta” como reconoce orgullosa. “Mi fortaleza mayor es seguir trabajando en la montaña siendo mamá, es algo muy fuerte, la mayoría de guías que conozco que hoy son mamá no han vuelto a guiar. Es una elección difícil…amo estar con mi peque pero cuando estoy en la montaña siento que ése también es mi lugar”.

Actualmente planifica una expedición femenina abierta al Kilimanjaro (monte más alto de África, 5.890 m), junto con una amiga mendocina y guías de Francia y Chile. Surgió por tratarse de una montaña accesible para cualquier mujer que no sea atleta de alto rendimiento, “para quien se mantiene más o menos activa y que sin tener mucha experiencia tiene muchas posibilidades de hacer cumbre”. A diferencia del cerro Aconcagua, remarca, “que es más duro, requiere un par de años de trabajo y aun así no está garantizada la cumbre. En Kilimanjaro hay muchas chances con una buena aclimatación, además tenés porteadores y guía local obligatorios así que con un estado físico de base es muy probable que se pueda llegar a la cumbre.

Su intención es armar algunos viajes repartidos en el año, por ejemplo a Nepal a hacer el trekking hasta la base del Everest, y a Perú a la base del Alpamayo, sin descartar que encuentra mucho por hacer también en Mendoza.

“El proyecto es arrancar con un trekking a Nepal en marzo/abril” afirma y recuerda que para 2018 estaba la posibilidad de ir allí con el querido Mariano Galván para asistir en la comunicación y la parte comercial y logística. “Él quería focalizarse en sus ascensos a ochomiles y entonces quedamos en que yo le daba una mano con los mails  y de paso yo podría conocer Nepal y  organizar trekkings a futuro. Pasó lo que pasó y ahí quedé trabada, no pude hacer nada más con eso”. Pero está vigente su proyecto de conocer Nepal, visitar sus enormes montañas enormes y aprender sobre la cultura del lugar.

Con la premisa de diversificar su trabajo hacia trekkings “más tranqui, más de disfrute” e ir dejando un poco Aconcagua, la moviliza organizar proyectos con mujeres: “El toque que pone una mujer en una expedición -lo dicen los mismos compañeros de laburo y los clientes- es que estamos en otros detalles. Obviamente no tenemos la fuerza de un varón, somos distintos (viva la diferencia) pero ponemos atención en la planificación de la salida, en todo lo previo, la conducción del grupo, está ese sexto sentido para observar a los clientes y ver cosas que a los varones a veces se les pasan por alto. Sé que las mujeres somos jodidas (risas), pero con manejo claro desde el comienzo es todo posible. Hay muchas mujeres en la montaña, escalando, entrenando, corriendo, en clubes, en la Escuela de Guías”.

El número de mujeres en expediciones fue creciendo, tanto clientas como guías de distintas escuelas, algunas con la más alta capacitación como UIAGM (aún no hay ninguna en Argentina). Hace ya varios años surgió una gran movida de mujeres escaladoras y montañistas, con logros deportivos considerables.

Finalmente, Popi Spagnuoli recordó su logro deportivo más importante de mayo de 2005, al convertirse en la primera mujer en llegar a la cima del Aconcagua en invierno:

“Trabajando en el Refugio en 2000 empezamos a hacer porteos y logística para expediciones extranjeras. En septiembre de 2003 ingresé al Parque por primera vez fuera de temporada con unos suizos que subieron y querían bajar esquiando por el glaciar de los Polacos. Con Gonzalo Dell’Agnola les hicimos el porteo hasta Mulas, de ahí a Nido, derretimos nieve y bajamos”.

“En 2004 vinieron unos guías brasileños que, además de traer clientes a Aconcagua en invierno, querían ser los primeros de su país en lograr cumbre en invierno y así conseguir sponsors para ir a Everest al año siguiente. Contrataron el soporte del Refugio y de Horacio Cunietti con guías, asistentes y porteadores. Entre ellos había una chica de Brasil que hubiera sido la primera mujer en hacer el Aconcagua invernal. Pero sólo hicieron cumbre los dos guías y luego  dos de los clientes con Horacio”.

“Surgió la idea de volver en invierno de 2005. Horacio y Gonzalo dijeron ‘metamos a la Popi en la cumbre’ (risas) y así obtener ese logro.  Fuimos con tiempo suficiente, las jornadas son cortas en invierno, de las 10 a las 5 de la tarde que se hace de noche, la temperatura baja a pique cuando el sol cae, nunca hay que exponerse, en fin, es un tema. Hicimos un primer intento pero no me sentía bien aclimatada y bajamos a Mulas. Descansamos, nos recuperamos y volvimos a intentarlo en otra ventana que nos tocó un día perfecto, super soleado, frío pero impecable, y ahí llegamos a la cumbre. La verdad que fue un antes y un después, estuvo bueno para mí, pero es un ascenso más, fue mi quinta cumbre en ese momento”.

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