Mi sueño de escalar la pared Sur de Aconcagua
Subir la pared Sur del Aconcagua siempre fue mi sueño. Esta temporada se juntaron varios factores que me lo permitieron.
Por: Felipe Randis

Subir la pared Sur del Aconcagua siempre fue mi sueño. Esta temporada se juntaron varios factores que me permitieron pasar por ella casi sin un rasguño. Primero estaba el clima muy bueno, eso permitió un ascenso de goce. También tenía muchísima motivación, estaba aclimatado ya que había alcanzado 3 veces la cumbre en esta temporada y había entrenado bastante durante el año.

El último ascenso por el glaciar del Hombre Cojo en el cerro Tolosa (5.260 m, cumbre de Oro) me había puesto en ambiente. Los diferentes factores se iban relacionando de una forma muy favorable para intentar el ascenso. Las últimas fotos que vi de la pared la mostraban bastante seca, esto me pareció bueno ya que no iba a haber mucha descarga. Con la última persona que hablé fue con Horacio Cunietti quien me pasó los últimos tips en cuanto a la pared y algunos detalles del equipo.

Listo. Estaba todo más que definido, se habían alineado los astros, esta era mi oportunidad de coronar la temporada con la pared Sur. Siempre supe que iba a ir, pero no muy bien cuándo. Era el momento tan esperado, estaba ahí aguardándome.

Me apresuré a juntar mi equipo y el día martes 13 de febrero me embarqué. Siendo las 11:30 me despedí de mis compañeros de trabajo en Plaza Argentina y partí hacia el col Ibáñez, el cual me demoró en cruzar un poco más de 2 horas.

Llegué a Plaza Francia donde me encontré con la pared Sur del Aconcagua. En este lugar aproveché para sacarme las botas y secar un poco los interiores. Era un día muy caluroso. Le pedí permiso y me quedé esperando su respuesta luego de algunos minutos. Sentí una sensación de bienestar y potencia en todo el cuerpo. He aquí la señal, me puse las botas y encaré esta hermosa escalada.

A las 15 estaba cruzando la primera rimaya que divide el glaciar Horcones Inferior con la montaña y empezaba mi gran desafío. En este momento sentí mucho miedo ya que miraba para arriba y tenía el glaciar Medio y el Superior acechándome. Me dirigí rápidamente hacia Campo 1 donde se encuentran unos paredones que cubren un poco de las avalanchas. En este trayecto crucé 4 ríos que bajan de los glaciares, de los cuales bebí agua buscando hidratarme y una conexión más profunda con el monte.

Después de hacer un rodeo al espolón y alcanzar Campo 1 tuve mi primera parada, hasta aquí 2 horas 15 minutos. Pude filmar una avalancha que se abría paso por donde había cruzado algún tiempo atrás. Me dio la sensación de estar más protegido en el espolón.

Después de 5 minutos de descenso comencé a escalar el filo que conduce a las grandes torres. Es algo así como escalar por la piel de un dragón, muchas escamas y una pendiente continua de 65°.

Después de 8 horas de haber ingresado a la pared ya estaba saliendo de las grandes torres, varias chimeneas que se van conectando durante 80 metros. Eran las 23, me hice una maruchan (fideos instantáneos) y me tomé un mate cocido. Mi material de vivac era un Thermarest y 2 bolsas de consorcio que me sirvieron mucho. Traté de cerrar los ojos, pero el lugar donde estaba era magnífico, estaba rodeado de un mar de estrellas cumpliendo mi sueño de escalar la pared Sur. El corazón daba brincos de alegría, imposible cerrar un ojo.

Me alisté, preparé más té para el camino y cerca de la 1:30 seguí rumbo a las areniscas. El camino ameritaba crampones. Ya estaba transitando el glaciar Medio. Luego de 2 horas llegué a las areniscas, pero me costó un poco encontrar la entrada, estuve 1 hora hasta que localicé bien a la izquierda una rampa de nieve y 2 canales que se discontinuaban. Me sedujo el de la izquierda, entré por ahí donde seguía una pala de hielo de 100 metros y luego coagulares de hielo incrustados en la tapia. Me resultó la parte más técnica y a la vez la gocé mucho.

Amaneció, eran las 7 y me encontraba escalando sin guantes a 6.000 metros. Era una caricia divina. Seguí disfrutando esta hermosa escalada hasta llegar a la base del glaciar superior donde también me costó bastante encontrar la entrada. Todo cuelga de un hilo, la sensación de estar debajo de esas paredes de hielo me volvió a dar bastante miedo. Haciendo una travesía incómoda, 80 metros a la derecha parecía que estaba la entrada, pero antes varios pasos de equilibrio sobre el abismo me condujeron finalmente a una cómoda subida.

Listo, logré subir el glaciar. Mis ojos ya veían la salida que había elegido, los Mixtos y la Pala Messner. En ese punto paré 1 hora a rehidratar y tomar una decisión. Llevaba 22 horas desde que comencé a escalar. Luego del receso me puse de pie y transité el extenso glaciar hasta llegar a la base de los mixtos. Había un buen puente, lo crucé y alcancé la primera chimenea de los mixtos, donde luego había que escalar 3 cascaditas cortas. En esta parte si bien es técnica y expuesta ya tenía mucha adrenalina digerida, me resultó hasta divertido escalarlos después de 80 metros de mixtos. Ya solo quedaba la Pala Messner, que pude cruzar en 3 horas más.

Estaba a punto de salir cuando encontré en los últimos metros la última dificultad: una pared de hielo de 75° cuya salida era una cornisa de nieve inconsistente. La pasé literalmente de cabeza, clavé un regatón de la piqueta y me abalancé como pude sobre el Filo del Guanaco. Lo había conseguido.

Muy feliz y muy cansado, la escalada me había exigido muchísimo. A la misma vez estaba feliz por haber realizado mi sueño en 31 horas.

Bajé medio papo hasta Cólera donde me guarecí en el refugio Elena por un par de horas, hice agua y sequé mis pies. Recién ahí concilié un poco el sueño, pero me desperté por el frío a las 3 AM, por lo que decidí continuar con el descenso.

Cerca de las 7 AM ya estaba en Plaza Argentina de nuevo con mi amigo Peluca (Matías Fabrizio). Estaba levantado desde temprano, un poco preocupado. Me recibió con los brazos abiertos. El abrazo de un amigo luego de semejante salvajada me vino muy bien. Peluca me sirvió un guiso de carne que había preparado el chef Colo, y muy contentos todos hablamos de los detalles del ascenso.

Muchísimas gracias a los amigos y maestros, y a Inka Expediciones, ya que no podría haberlo logrado sin su apoyo, aliento, asistencia y logística.

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